Devocionario de Michelino


José Luis Trullo.- El llamado Devocionario de Michelino es un manuscrito depositado en la Biblioteca Morgan de Nueva York. Consta de 99 folios en vitela y mide 17 cm de alto y 12 cm de ancho. La datación más probable de su composición se remonta hacia 1405-1410, y se desconoce para quién fue confeccionado con exactitud. El manuscrito, en la actualidad, consta de 22 miniaturas a toda página, frente a cada una de las cuales figura el texto de una oración, caligrafiado por un único escriba; ambos folios enfrentados presentan un marco decorado de manera muy similar, lo cual imprime al conjunto cierta unidad, no siempre presente en otro tipo de devocionarios. Según los estudiosos, es probable que algunos marcos fueran pintados por algún ayudante de Michelino, así como también ciertas figuras de santos. 25 páginas con plegarias han perdido sus miniaturas.



Todos los devocionarios se organizan de acuerdo con la liturgia, consagrada a las festividades y a los santos del calendario eclesiástico. Se abre con la Natividad, el nacimiento de Jesús, y concluye con la imagen de Santa Lucía (folio 89v), acompañado por una página de texto con una oración para el 13 de diciembre. Gracias a la conservación de la mayoría de las páginas con plegarias, se ha podido reconstruir el devocionario prácticamente en su totalidad. Asimismis, rey de Francia, Luis de Toulouse y Martín de Tours, los cuales fueron venerados por los Visconti de Pavía, también retratados en el libro (aunque no es seguro que éste les perteneciera). La hipótesis que se permite deducir de todos estos datos es que las páginas perdidas pudieron ser arrancadas por los descendientes de la casa Visconti, molestos por el hecho de que su herencia había sido vendida. Por todo ello, en su estado actual el devocionario carece de cualquier referencia al rango del propietario, así como a aquellos otros aspectos que suelen personalizar este tipo de libros de horas.



El devocionario debe ser tomado en el contexto del servicio litúrgico, iluminado por velas parpadeantes, rosetas iluminadas por la luz del sol y vidrieras de múltiples colores, ambientado tal vez por música y perfumado aromas de incienso. Todo este ambiente encantado parece haber invadido el libro de Michelino, cuyas etéreas tonalidades e ingenuas composiciones, aún teñidas de la espiritualidad medieval, imprimen al conjunto de una íntima devoción, sincera y profunda. Es de suponer que la experiencia previa del artista como vitralista le sirvió para plasmar con gran habilidad la luminosidad cromática en su manuscrito, la cual se traduce en unas figuras ligeras y una austeridad carente de artificios gratuitos.

Como advirtió en su momento Pächt, tres escenas del manuscrito de la Biblioteca Morgan retoman otras pintadas antes por Michelino para un libro de horas para el uso de Pavía, y que en la actualidad se conservan en la Biblioteca Municipal de Aviñón con la signatura Ms. 111. Entre la composición de uno y otro libro se cree que transcurrieron más de diez años, y ello se deja notar en la configuración de la miniatura, bastante más simple y sintética en el ejemplo más temprano.

Uno de los aspectos que más llama la atención de este devocionario es la abundante presencia de animales en las escenas, entre ellos caballos, camellos, un buey, un halcón, pajarillos y hasta un leopardo. Se cree que, como protegido del Duque de Visconti que fue, pudo acceder al zoo privado del que éste disponía, lo cual le facilitaría los apuntes del natural.



Tanto las miniaturas como las páginas destinadas al texto de las oraciones aparecen enmarcadas por una especie de estructura de enredadera vegetal plagada de hojas y flores rítmicamente dispuestas, en una organización muy distinta -y más sencilla y equilibrada- que los arabescos profusamente enroscados de los libros de horas flamencos. De un modo bastante original, en numerosas miniaturas las flores del marco aparecen replicadas dentro de la misma, lo cual confiere a la lámina una impresión de unidad y fluidez muy característica. La presencia de flores en un texto religioso no debe sorprender, ya que se las suele utilizar simbólicamente como un signo de belleza trascendente y salvación espiritual. Así, la elección del frijol o flor de guisante para enmarcar la escena del entierro de Cristo (folio 24v) se debe a que, según el enciclopedista borgoñés Pierre Bersuire, dicho flor era un símbolo del propio Cristo encarnado; asimismo, los girasoles azulados del borde de la Resurrección (folio 26v) representan el equivalente simbólico del sacrificio cristiano, la Eucaristía: así como el cuerpo de Cristo está presente en la hostia, hecha de trigo, Su sacrificio se manifiesta por la presencia de las flores celestiales creciendo en los campos entre las mieses.



La importancia del contexto vegetal en un libro que todavía pertenece, por su datación, a la Edad Media, ha permitido a los analistas proponerlo como precursor del gusto por la naturaleza que iba a caracterizar al inminente Renacimiento. De hecho, en la corte del Duque de Visconti se respiraba un interés creciente por los estudios naturales, hasta el punto de que en la misma se crearon numerosos herbarios iluminados. Lo mismo estaba ocurriendo también en las vecinas cortes de Carrara y de Padua. La abundancia de ediciones ilustradas del Tacuinum Sanitatis -un manual de higiene basado en tratamientos con plantas medicinales- que se han datado en esta época, en las cortes del Norte de Italia, atestiguan dicho interés.

Por su parte, la representación de la figura humana por parte de Michelino resulta bastante llamativa. Así, por ejemplo, muestra a los apóstoles con un aspecto bastante rústico, incluso rozando la caricatura, de manera que su escaso sentido de la compostura parece que trata de transmitir la urgencia de su misión espiritual en la tierra. No pocas miniaturas (caso de la Presentación en el Templo, el Lavado de los pies, el Hallazgo de la Vera Cruz y la Ascensión) comparten esta visión del cuerpo humano poseído por la voluntad divina.




Libro de Horas de Gian Galeazzo Visconti


Al final de su vida, el duque de Milán, Gian Galeazzo Visconti, encargó una serie de magníficos volúmenes dedicados a la representación del mundo natural y de la medicina, así como de libros de carácter religioso; entre ellos, se encuentra el conocido como Libro de Horas Visconti, actualmente depositado en la Biblioteca Nacional de Florence con las signaturas Mss. BR 397 y LF 22). Se trata de un devocionario que incluye, aparte de las clásicas Horas, una buena cantidad de salmos. Consta de dos tomos y está profusamente ilustrado con miniaturas a toda página (38) y otras de menor tamaño, aparte de los bordes ornamentados y 90 iniciales historiadas.




La fecha de composición del libro no es segura, aunque por su estilo e iconografía se considera que la confección del primer tomo se remonta hacia el año 1388, año del nacimiento de Giovanni Maria, primogénito de Gian Galeazzo y Caterina Visconti, mientras que el segundo pudo retrasarse hasta 1428. Escrito en latín empleando caligrafía gótica, fue pintado por Giovannino de Grassi, Luchino Belbello da Pavia y los hermanos Amadeus.

A finales del siglo XIV, Giovannino de’ Grassi y su taller pintaron los folios iniciales del manuscrito, con un estilo muy peculiar en el cual la escena quedaba iluminada por los rayos dorados que irradian los santos y los profetas, provocando un efecto característico. Asimismo, muestra un mimo extremado en la reproducción del mundo natural y los paisajes, para lo cual utiliza colores brillantes y efectos de sombreado que imprimen relieve y profundidad a los mismos.




La muerte del futuro propietario en 1402 provocó la interrupción del trabajo de los pintores. No fue hasta que el segundo hijo de los Visconti, Filippo Maria, encargó su prosecución a Belbello da Pavia que pudo ultimarse la iluminación del manuscrito. Sus miniaturas son muy detalladas y muestran un estilo elegante, cortesano y muy equilibrado; los bordes manifiestan una gran variedad e imaginación icónica.

La estructura de este libro de horas es poco convencional: por ejemplo, carece del clásico calendario que suele aparecer al principio de todos los volúmenes de este género. Carece también de otras secciones habituales, como el Oficio de difuntos o los Sufragios. La presencia de episodios extraídos del Antiguo Testamento es muy amplia, en perjuicio de las escenas de la vida de Cristo (ni siquiera se plasma la Crucifixión). La representación de la Santísima Trinidad brilla por su ausencia. A cambio, se incluyen numerosísimos salmos, un ciclo sobre la Creación y otro sobre Moisés. El libro concluye con la imagen de Jesús Redentor.




Como decimos, se trata de un manuscrito bastante extraordinario, por poco común y también por haber sido iluminado con un estilo pictórico poco homogéneo. Junto a miniaturas de una extraordinaria calidad técnica (la Adoración de los Magos, la Muerte de la Virgen o los Israelistas cruzando el Mar Rojo son prodigiosas), otras -especialmente, las iniciales historiadas- se nos antojan bastante toscas y desentonan en el conjunto, perjudicando el resultado global.

Sea como fuere, estamos ante una obra suntuosa, abrumadora incluso, por su extensión (más de 600 páginas) y por la ambición de sus creadores. Existe una edición facsímil íntegra de la misma, de alto precio, y otra que recoge únicamente las miniaturas, más económica.



Libro de Horas de Catalina de Cleves


El Libro de Horas de Catalina de Cleves es un manuscrito datado en 1440, aproximadamente, en la ciudad holandesa de Utrecht. En la actualidad se encuentra depositado en la ciudad de Nueva York, en la Pierpont Morgan Gallery, con las signaturas M. 945 and M. 917. Fue iluminado por un único maestro pintor, de identidad desconocida, y caligrafiado también por un solo escriba. Su formato es de 192 x 130 mm.



Este libro ha sido descrito como uno de los más célebres, no sólo de la escuela flamenca, sino de todos los manuscriptos medievales. Su notoriedad procede tanto del número de sus miniaturas como de la calidad y el contenido de las mismas, que plasman muchas escenas de una manera nunca vista en el género. La supervivencia del códice conoció múltiples peripecias (fue dividido en dos a mediados del siglo XIX, y aún no se han recuperado once láminas extraviadas).




Consta de 369 láminas y 157 miniaturas, de las cuales 32 son a toda página y 136 a media página, pintadas sobre un pergamino de gran calidad con una técnica depurada. Aun así, el diseño de los bordes resulta algo desconcertante: los hay de gran originalidad y detalle, mientras otros (como es el caso de la miniatura dedicada a San Ambrosio, flanqueada por valvas de mejillones) resultan muy decepcionantes.

Una de las características de este libro de horas es la abundancia de miniaturas dedicadas a escenas del Evangelio, las cuales no sólo se hallan en sus ubicaciones habituales (el Oficio de la Virgen, principalmente), sino que se encuentran en varias secciones, como las Horas del Santo Sacramento (Cena en Emaús y Última cena), y sin respetar ninguna secuencia temporal. Los episodios evangélicos plasmados en el manuscrito son los siguientes: Anunciación (10), Visitación (11), Adoración de los Magos (12 y 116), Huida a Egipto (13), Agonía en el Jardín (16), Prendimiento (17), Cristo ante Caifás (18), Humillación de Cristo (19 y 23), Cristo ante Pilatos (20), Cristo ante Herodes (21), Flagelación (22), Cristo portando la Cruz (24), Preparación de la Cruz (25), Crucifixión (26 y 96), Desprendimiento (28), Lamentación (29), Santo Entierro (30), Resurrección (31), Cristo de pie ante la Cruz (87), Sagrada Familia (92 y 93).




Aparte del facsímil del manuscrito completo, de alto precio, las miniaturas de este libro de horas se editaron en un volumen más económico, con un comentario pormenorizado lámina por lámina.



Libro de Horas de Luis de Laval

Luis de Laval nació hacia 1411 y murió el 21 de agosto de 1489, en el Castillo de Laval. Señor de Châtillon, barón de Lohéac y también señor de Frinandour, de Quemper-Guézennec, del Vieux-Marché, de Blanquefort y de Gaël y Bréal. Fue, igualmente, gobernador de Gennes-sur-Loire y consejero muy próximo de Luis XI. Ocupó durante ocho años consecutivos, de 1465 a 1473, las funciones de gobernador de Champagne. Su carrera merecería todo un volumen biográfico. Gran señor y bibliófilo de marca del siglo XV, parece más que probable que su prolongada presencia en la región contribuyera a la gran pasión manifestada por la gran burguesía de Troyes por el excepcional miniaturista de Bourges, Jean Colombe. Al igual que sus hermanos, Guy XIV de Laval y Andrés de Lohéac, tenía la particularidad de ser vasallo del ducado de Bretaña, al mismo tiempo que de la corona de Francia.



El libro de horas que se lleva su nombre se encuentra depositado en la Biblioteca Nacionaol de Francia, con la signatura LAT. 920, y se considera como uno de los manuscritos iluminados con mayor número de ilustraciones de todos los tiempos.
Iniciado hacia 1470-1475, su iluminación se retoma y continúa entre 1485-1489. Consta de 700 deliciosas páginas en vitela, de 243 x 172 mm, con profusión desbordante de oros. En palabras de François Avril, medievalista de renombre mundial, Conservador General Honorífico del Departamento de Manuscritos de la BNF y uno de los máximos expertos europeos en códices y manuscritos antiguos: «Este manuscrito de inhabitual riqueza es, sin lugar a dudas, la obra más ambiciosa que haya salido jamás del taller de Jean de Colombe. El Libro de Horas de Louis de Laval constituye una auténtica proeza iconográfica que supera de lejos cualquier otra tentativa contemporánea de hacer de los Libros de Horas una compilación de ilustraciones bíblicas.»



En sus 700 páginas encontramos nada menos que 1.234 miniaturas, de las cuales 157 lo son a página completa. Este conjunto constituye el más rico corpus de ilustraciones que se haya reunido jamás en un Libro de Horas. La mayor parte de este asombrosamente amplio conjunto iconográfico es obra del gran Jean Colombe. Pero esta maravilla, dada su magnitud, no podía ser obra de un solo artista. En las Horas de Louis de Laval se dan cita los mejores miniaturistas del momento, que colaboran siguiendo modalidades más complejas y durante un período mucho más extenso de lo que se había creído hasta ahora.



Este impactante manuscrito delata igualmente la presencia de otro extraordinario artista, heredero del buen hacer del gran Fouquet que, por ejemplo, nos deleitará con los rostros admirables de las sibilas, o los de los evangelistas san Mateo y san Marcos.




A partir de 1480 el manuscrito se enriquece aún más si cabe con la incorporación del soberbio ciclo de ilustraciones bíblicas desde el Génesis hasta la Historia de Daniel.




El libro fue legado por Luis de Laval, señor de Châtillon, a Ana de Francia, duquesa de Borbón. Entraría, más tarde, a formar parte de las colecciones reales a raíz de la confiscación de los bienes del Condestable de Borbón.

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Libro de Horas del conde de Wharncliffe


En el año 1920 salió a la luz un bello libro de horas perteneciente (según consta en el propio manuscrito) a Edward Montague Stuart Granville, conde de Wharncliffe. Se trata de una obra atribuida al célebre iluminador Maestro François, mientras que la caligrafía corrió a cargo de Jean Dubrueil. Data de 1476-1480. Tiene un formato de 18 x 13 cm y consta de 116 folios, 4 de ellos en blanco. El texto está en latín, con leyendas en francés. En la actualidad se conserva en la National Gallery de Victoria (Australia), con la signatura MS Felton 1 (1072/3).



Consta de 12 miniaturas a toda página, y diversas escenas y viñetas iluminadas, así como capituales decoradas y ornamentación floral. Los bordes, además, muestran pequeñas escenas bíblicas, de caza y de temática diversa.



La estructura es la siguiente: 6 folios de calendario para la diócesis de Angers; 4 con lecciones del Evangelio y la imagen de los cuatro evangelistas (Juan figura de acuerdo con la leyenda de la copa envenenada); el Obsecro Te, iluminada con la imagen de la Virgen y el Niño; las Horas de la Virgen (folios 15-59v), con escenas de la Anunciación, la Visitación, la Natividad, la Adoración de los Magos, la Presentación en el Templo, la Huida a Egipto y la Muerte de María;  Salmos penitenciales (ff. 61-72), con una miniatura sobre David y Abigail; las Horas de la Cruz (ff. 73-75), con una miniatura sobre la Crucifixión; el Oficio del Espíritu Santo (75v-77), ilustrado con la escena de Pentecostés; el Oficio de Difuntos (ff. 78-106v), con una miniatura con la escena de los tres vivos y los tres muertos; diversas plegarias (ff. 107-114), incluidos los ocho versículos de San Bernardo y las Siete últimas palabras de Cristo en la Cruz; la Memoria de los Santos (ff. 114-116): San Cristóbal y San Sebastián.




El estilo del pintor es ya renacentista, con su interés por la perspectiva y la reproducción de los paisajes. La representación de la figura humana, sin dejar de ser naturalista, manifiesta una evidente tendencia a la espiritualización, con unos ropajes pálidos que transmiten la sensación de evanescencia y ligerera. El tono general es de exquisitez, incluso de primor. En la composición del folio, la miniatura desempeña un lugar central, aunque discreto; en ningún caso llega a ocupar la totalidad del mismo.



Devocionario de Ana de Bretaña

El Devocionario de Ana de Bretaña es una obra muy distinta de las célebres Grandes Horas destinadas a la misma monarca. Para empezar, su tamaño es mucho más pequeño: 12.5 x 8 cm. Consta de 62 páginas y está escrito en latín y francés, en caligrafía cursiva. Consta de 34 miniaturas enmarcadas por el emblema real, el llamado "cordelière" (una especie de trenzado). Fue iluminado por el célebre artista Jean Poyet entre 1492-1495 en la ciudad de Tours (Francia). En la actualidad se encuentra depositado en la Biblioteca Pierpont Morgan, de Nueva York.




Este libro de oraciones, dotado de un diseño muy cuidado, fue encargado por Ana de Bretaña, esposa sucesiva de dos reyes galos, Carlos VIII y Luis XII. El libro resulta sorprendente por sus miniaturas ligeras y evanescentes, las cuales se encuentran entre las más delicadas que se crearon a finales del siglo XV. Todas ellas salieron de la mano de Jean Poyet, autor también de las célebres Horas de Enrique VIII, quien aparece mencionado por sus propios contemporáneos a la altura de Rogier van der Weyden, Hugo van der Goes o Jean Fouquet. Su talento se despliega especialmente en sus espaciosos y vaporosos paisajes.




El advenimiento del Renacimiento en Francia se anuncia en la suave carnación de los rostros, la gracilidad de las figuras y en la sorprendente novedad en la forma de combinar los colores que utiliza para plasmar los ropajes, así como en la arquitectura de influencia italiana presente en las miniaturas.

La decoración del devocionario refleja las ideas personales de su propietaria. Una de sus grandes aspiraciones era la de vivir en la fe, lo cual se plasma sobradamente en esta magnífica obra. Como es lógico, Ana aspiraba a infundir esta filosofía en su hijo, el futuro rey de Francia, y la ordenación de las distintas oraciones fue concebida como una ayuda moral y espiritual para un jovencito de su edad. Y es que el librito lo usaba la monarca para enseñar cómo rezar a su pequeño.




Una de las oraciones incluidas en el devocionario fue escrita expresamente con este propósito, rogándole a Dios que concediese al delfín la sabiduría necesaria para su próxima tarea real. Sin embargo, el destino dispuso lo contrario, pues Carlos-Orlando falleció con solo tres años. Aun así, su librito ha sobrevivido hasta nuestros días como testimonio del amor maternal.

Por otro lado, su concepción y ornamentación sirvieron como inspiración para otro devocionario encargado por su madre para Renata de Francia, hija menor de su matrimonio con Luis XII.

Durante toda su vida, Ana se reveló como una patrocinadora infatigable no sólo de las artes visuales, sino también de la literatura y la música. Adquirió numerosos manuscritos y financió artistas, poetas y músicos de la corte, mientras que tuvo a su cargo a numerosos autores como secretarios y cronistas. La biblioteca personal de Ana constaba de más de tres mil volúmenes, tanto de temática religiosa como histórica y literaria, principalmente de procedencia italiana. La biblioteca de Ana es testimonio de su alto nivel educativo, pues además poseía un buen conocimiento del latín y el griego, así como nociones de hebreo.




Libro de Horas Da Costa

La llamada escuela de Gante-Brujas incluye a algunos de los mejores iluminadores de la historia del género, como Gerard Horenbout, Gerard David o Simon Bening. El Libro de Horas Da Costa, cuya denominación se debe a la familia para la que fue realizado, representa uno de los logros más excelsos de la carrera de Simon Bening.

Con un formato de 17 x 12.5 cm y 776 páginas, fue creada en torno a 1515 en Holanda, aplicando un estilo característico del renacimiento. Está dotado de 121 miniaturas a toda página y bordes profusamente decorados. Escrito en latín, el manuscrito utiliza letra gótica.




El manuscrito perteneció durante siglos a la familia portuguesa Da Costa, pasando a continuación al coleccionista George C. Thomas, residente en Filadelfia; por último, en 1910 la fundación John Pierpont Morgan adquirió el manuscrito, incorporándolo a sus fondos.

Activo en Brujas, donde fue formado en el arte de la iluminación por su padre, Simon Bening encontró en la ciudad holandesa un entorno artístico muy fértil. Quedó cautivado por el estilo de Gerard Horenbout, con quien ilustró varios manuscritos, y alcanzó una gran reputación en toda Europa. Entre sus obras destaca este libro de horas por su calidad pictórica.



Simon Bening iluminó otros importantes manuscritos, como el libro de horas que realizó para el cardenal Alberto de Brandemburgo, el libro de horas de Hennessy, las Tablas genealógicas de las Casas Reales de España y Portugal y los Estatutos de la Orden del Toisón de Oro.

Para la decoración de las Horas Da Costa, Bening tuvo que crear un abanico de composiciones, incluyendo dos ciclos de la Pasión de Cristo, uno para el Oficio de la Pasión y otro para las Lecciones del Evangelio. Asimismo, representó a los evangelistos en dos ocasiones. El artista se inspiró en creaciones que ya había utilizado para el Devocionario de Carlos el Temerario por el Maestro de María de Borgoña, aunque sus reinterpretaciones son tan originales que superan a sus modelos.



Simon Bening enriqueció los templetes con efectos dramáticos. Sin embargo, las iluminaciones más impresionantes son las que pintó para el Calendario, cuyos miniaturas representan unos paisajes dotados de complejas perspectivas y una espectacular riqueza de detalles.




Las Horas de Enrique VIII

El Libro de Horas de Enrique VIII es un manuscrito iluminado del siglo XV, pintado por el artista francés Jean Poyet en la ciudad de Tours. Comprende 400 páginas con 55 miniaturas a toda página. En la actualidad se encuentra depositado en la Biblioteca Morgan de Nueva York, con la signatura MS H 8.

Textualmente, las Horas de Enrique VIII comprende un número de plegarias y votos que estaban de moda en Francia en la cúspide de la Edad Media tardía y el Renacimiento. El manuscrito se abre, como el resto de obras del género, con un Calendario. A continuación aparecen cuatro Lecciones del Evangelio, uno por cada evangelista, seguido por la Pasión según san Juan. El pasaje en cuestión, que no fue recogido por los sinópticos, se convirtió a finales del siglo XV en una especie de quinto evangelio.


A estos cinco pasajes bíblicos les siguen una serie de cuatro votos a la Virgen: las dos primeras son las dos populares oraciones a la Virgen, las cuales suelen aparecer juntas: Obsecro te y O intemerata, a las que siguen el Stabat Mater y la Misa de la Virgen. Vienen entonces las Horas de la Virgen -el núcleo de todo libro de horas- seguidas de las Horas de la Cruz y las Horas del Espíritu Santo, según el modelo clásico del género en Francia. Luego, aparecen los Salmos penitenciales (con unas Letanías), el Oficio de Difuntos y las populares Siete Oraciones de San Gregorio Magno.



Les sigue una larga serie de 23 sufragios; estas peticiones a santos concretos fueron ordenadas de manera jerárquica durante la Edad Media en la cual aparecían primero los santos varones y después las mujeres. El libro concluye con un grupo de oraciones prácticas que fueron cobrando una creciente popularidad a finales del siglo XV y principios del XVI, las cuales se debían recitar coincidiendo con el momento de salir de la cama al despertar, al dejar el hogar, al entrar en una iglesia, ante la presencia de un crucifijo y durante las Elevaciones de la Misa. Estas plegarias no solían aparecer ilustradas y suelen ser por ella despreciadas por los historiadores del arte, lo cual es una lástima porque nos hablan de la práctica religiosa diaria que observaba el propietario del manuscrito. Además, este tipo de oraciones demuestran que los libros de horas se utilizaban tanto en casa como en la iglesia.



La serie concluye con el Credo de Atanasio, que difiere del Credo de los Apóstoles y que suele aparecer en los libros de horas tardíos desempeñando el papel clásico de los cánticos en los breviarios medievales.

Aunque se trata de un manuscrito profusamente ilustrado, las Horas de Enrique VIII no son especialmente innovadoras desde una perspectiva iconográfica. En su mayoría, los temas de las miniaturas son bastante usuales y pueden encontrarse también en muchos otros libros de horas franceses del mismo período. Más originales son los bordes historiados que acompañan las 44 miniaturas a toda página. Lo que sí es de destacar es el estilo de Jean Poyet, que supera abiertamente las últimas influencias medievales y abraza la vanguardia renacentista procedente del norte de Italia.




Devocionario Rothschild: el libro de horas más caro de la historia


El Devocionario Rothschild es un libro de horas iluminado que data de los años 1510-1520 que, en la actualidad, forma parte de una colección particular. Fue creado por algunos de los iluminadores más célebres de la escuela de Gant-Brujas: Gerard Horenbout, Gérard David, Alexander Bening y Simon Bening. Durante años perteneció a la familia Rothschild, aunque los nazis se apropiaron del códice durante la invasión de Austria. Fue de vuelto a sus propietarios en el año 1999.

En el manuscrito no existe ningún indicio que nos permita identificar al ordenante del mismo: ni un retrato, ni un blasón. En el siglo XVI perteneció a la familia de Wittelsbach. Según Ernst Trenkler, habría pasado a manos de Ernesto de Baviera (1554-1612), pasando más tarde a los fondos de la Biblioteca palatina de Heidelberg, aunque no pasa de ser una mera hipótesis. El manuscrito permaneció ilocalizable hasta finales de 1860, cuando Anselm von Rothschild -un amante vienés de la pintura flamenca y los manuscritos del mismo origen- se hizo con el devocionario de Alberto de Brandemburgo y con las Horas de Juana de Castilla, entre otros. Heures de Jeanne Ire de Castille. El libro de oraciones que nos ocupa fue pasando de padres a hijos durante décadas, sin abandonar el seno de la familia hasta que, en 1938, los nazis se apropiaron de los fondos de su colección tras invadir Austria. La tropas aliadas lo recuperaron al finalizar la guerra en las minas de sal de Altaussee, donde los nazis habían almacena miles de obras requisadas a sus legítimos propietarios. Sin embargo, la familia no pudo recuperar la totalidad de su colección, pues el Estado austríaco le obligó a ceder un tercio de la misma a cambio de la autorización de sacar el resto del país.

Fue así como el libro de horas que comentamos fue incorporado a las colecciones de la Biblioteca Nacional austríaca, con la signatura Cod.Vindob. Series Nova 2844. Como consecuencia de una serie de presiones diplomáticas internacionales, en 1998 una ley dispuso la restitución del manuscrito a la hija de Alphonse de Rothschild, entre otras propiedades. El conjunto de artículos recuperados fue sacado a subasta por la casa Christie's de Londres en julio de 1999, siendo vendido el libro por 8,5 millones de libras, precio récord en su momento por un manuscrito iluminado. A principios de 2013 fue de nuevo adquirido por un coleccionista europeo por la suma de 13,3 millones de dólares, y sólo un año después, por el millonario australiano Kerry Stokes por 13,6. En 2015 se organizó una exposición sobre el mismo en la National Library of Australia.



Aunque recibe el nombre de libro de oraciones (o devocionario), el manuscrito en realidad es un libro de horas al uso de Roma. Contiene:

- 12 páginas de calendario, con un marco decorado de manera arquitectónica en las que se describen escenas de pequeño tamaño, y una miniatura en la base de la página donde se presentan trabajos agrícolas para cada uno de los meses;

- 67 miniaturas a toda página con un borde ornamentado;

- 5 miniaturas de menor tamaño insertadas en los bordes decorados;

- 2 páginas adicionales con ornamentación diversa.




En cuanto a la atribución de la autoría de las miniaturas, y en base a la comparación estilística entre ellas, se considera que el maestro del Jacobo IV de Escocia (Gerard Horenbout) pintó las miniaturas de las horas y de las misas para los días de la semana (ff. 10v-79), aparte de las que introducen las Horas de la Virgen y las de los Difuntos.

Por su parte, el Maestro del Primer Libro de Oraciones de Maximiliano (Alexander Bening) pintó numerosas miniaturas, entre ellas una parte de los Sufragios; los evangelistas (f. 206v); Susana y los viejos (f. 234v) y san Jerónimo (f. 221v). Asimismo, asumió la autoría de los bordes historiados, inspiradas en su mayor parte por las que ya había realizado en las Horas de Jacobo IV de Escocia.



Su hijo, Simon Bening, parece que realizó algunas de las miniaturas como La Visión de san Bernardo (f. 245v) y El Milagro de la mula de San Antonio de Padua (f. 240v).

Gérard David es sin duda el responsable de la miniatura de la Virgen con el Niño (f.197v), así como de los retratos de Santa Catalina (f.228v) y de santa Clara (f.230v).

Al Maestro de los Libros de Oraciones hacia 1500 se han atribuido varias miniaturas de las horas de los días de la semana, así como las escenas de la infancia de Cristo que ilustran el Oficio de la Virgen (entre ellas, la Natividad, f.108v-109r).




Libro de Horas de Ferrante d'Este


El Libro de Horas del condotiero Ferrante d'Este son unas “horae ad usum Romanum”, en latín y francés, cuya impresión se concluyó el 20 de Agosto de 1496 en el taller parisino de Philippe Pigouchet, por encargo del librero editor Simon Vostre.

Al igual que en el caso de los libros de horas manuscritos, está compuesta por una recopilación de oficios y plegarias para uso de los laicos. Al tratarse de un libro de horas incunable refleja una selección singular, propia de un momento de transición: es en la segunda mitad del siglo XV, cuando comienza a incrementarse la presencia de composiciones piadosas. La existencia de textos en dos lenguas responde a dicha realidad. Están presentes todos los textos esenciales, varios de los considerados secundarios y sin que falte una curiosa muestra de textos accesorios tal como clasifican el abigarrado conjunto los mejores estudiosos de este tipo de libros.



Las estampas sueltas y los marcos han sido finalmente coloreados. Se trata, pues, de un “incunable iluminado”, no miniado, cuyo destinarario fue Ferrando d’Este (1477-1540), hijo de Ercole d’Este (1431-1505), participe de la conjura de 1505, junto a su hermano Giulio (hijo natural del Duque) y contra su otro hermano Alfonso I d’Este (1476-1534), el sucesor, duque de Ferrara, Modena y Regio, y que, como consecuencia, después de ser condenado a muerte, permanecería en prisión los 34 últimos años de su vida.

El original está conservado en la Biblioteca Nacional de España (signatura I 2719). El formato de la obra es 210 mm x 120 mm y consta de 190 páginas, incluyendo 48 iluminaciones, 18 de ellas a página completa, aparte de 182 marcos construidos con más de 1100 piezas de diversos tamaños. Las iniciales fueron iluminadas en añil o carmesí, con letras mayúsculas tocadas en amarillo.




Libro de Horas del Cardenal Farnesio


El Libro de Horas del Cardenal Alejandro Farnesio es un devocionario datado en el año 1546, por lo cual se incluye dentro del Renacimiento tardío. Su creador, Julio Clovio, respetó la disposición pictórica vigente desde la Edad Media, de modo que los acontecimientos prefigurados en el Antiguo Testamento se consuman en el Nuevo.

El formato de este libro de horas es de 15 x 10 cm y se ajusta al rito romano. Contiene 114 láminas y 28 miniaturas, con profusión de marcos figurativos y muy ornamentados. El códice se encuentra depositado en la Biblioteca Morgan de Nueva York desde el año 1903, con la signatura 69. Existe una edición facsímil editada en Alemania recientemente.

En su obra capital, Vasari se refiere a la vertiente como iluminador de Julio Clovio con las siguientes palabras: "En ninguna época ha habido ni seguramente habrá un pintor de detalles pequeños más excelso que él". El artista vivió un momento del arte en el que la iluminación de libros experimentaba un fuerte declive, desplazada por la creación de obras monumentales de la mano de Miguel Ángel, Tiziano o Rafael.







El texto, cuyo responsable fue Francesco Monterchi, se plasma en un tipo de caligrafía que se conoce con el nombre de "cancellaresca formata", estrecha y con picos, que armoniza sin problemas con las pinturas de Clovio.






Un somero análisis del libro de horas que aquí nos atañe muestra que, en realidad, Clovio abandonó la unidad de miniatura, borde y texto, en favor de un concepto renacentista de la imagen presidido por los marcos, lo cual transmite una fuerte impresión arquitectónica en la organización del espacio, y escultórica en la representación de las figuras humanas que aparecen en los mismos. Es más, es en ellas donde mejor se percibe la actualidad del estilo de Clovio, ya intensamente abocado al inminente manierismo.




Libro de Horas de Carlos V


Uno de los códices más importantes de la Biblioteca Nacional es el conocido como Libro de Horas de Carlos V. La justificación de su pertenencia se basa en una nota manuscrita de la segunda hoja del guarda: Hic liber fuit Magni Imperatoris Caroli V. Por su contenido de gran interés didáctico, posiblemente le fue regalado siendo aún muy joven.



El códice, escrito en letra bastarda francesa es, según Durrie, "una obra singularmente interesante para la historia de la iluminación". De sus 336 páginas, 320 están profusamente ilustradas con pinturas de alto valor pictórico y de gran vistosidad, haciendo que este códice sea una joya excepcional. Se incluyen, así mismo, muchísimas miniaturas historiadas (más de 700) en abundantes y variadas orlas. Contiene varias a doble página: la Entrada victoriosa de Heraclio en Jerusalén con la Cruz de Cristo, Victoria de David sobre Goliat, y Encuentro de los tres Caballeros de la Muerte, las cuales bastarían para calificar al códice como una obra maestra. Otro gran número de ellas, han sido realizadas en página completa y culminadas con pan de oro". Aunque el prólogo no lo anuncie, el Libro de Horas de Carlos V servía a su poseedor como una auténtica enciclopedia, pues entre las historias bíblicas se intercalan diversos ciclos: Concordancia entre Sibilas y Profetas, Leyendas de la Cruz, Milagros de la Virgen, Concordancia entre Profetas y Apóstoles, Composición del Credo, Hechos de los Apóstoles, Crónicas de la Vida de David y de la Vida de Job, Leyenda de los Tres Vivos y los Tres Muertos, Danza de la Muerte, etc. Esta proliferación de imágenes nos indica que el Libro de Horas miniado servía más para ser visto que para ser leído; y éste, particularmente, rompe los esquemas establecidos para mostrarnos una nueva civilización de la imagen.

El manuscrito perteneció a los Austrias hasta que Felipe III se lo regaló al Cardenal de Narbona Francisco de Joyeuse durante su visita al Monasterio de Montserrat. En el siglo XVIII formaba parte de la biblioteca del Cardenal Zelada; y en 1869 ingresó en la Biblioteca Nacional con otros códices de la Catedral de Toledo.



Izquierda. Folio 5. Calendario. Marzo. Aries
Derecha. Folio 16. La Creación


Lejos de las típicas escenas bucólicas, las imágenes del Calendario representan la vida humana: a lo largo de los meses del año se suceden la infancia, la juventud y la madurez de dos hermanos, uno piadoso y otro pecador, que mueren en diciembre, con el año; pasando el alma de uno al cielo y la del otro al infierno. En la imagen de la izquierda (f. 5) vemos al niño aplicado con un libro en las manos (el futuro piadoso) y al otro con un juego de Tablas (el futuro pecador). A continuación (f. 16), Dios muestra a Adán todos los seres del Paraíso: cuadrúpedos, aves, peces, así como las aguas y las estrellas. Las seis miniaturas siguientes están dedicadas a Eva, la serpiente, el fruto prohibido y la expulsión del Paraíso. A continuación se representa el ciclo de Caín y Abel con otras cuatro espléndidas ilustraciones, seguido por el de los patriarcas hasta José en Egipto. Este Libro de Horas dedica al Génesis 27 miniaturas (f. 16 – 42) y cada una de ellas contiene un registro aparte abundando en la narración: más que muchas Biblias historiadas.

El Capítulo IX (f. 44-51) trata de las Concordancias entre Sibilas y Profetas vaticinando el Nuevo Testamento. Así, aparecen las sibilas Eritrea (Anunciación y Navidad), Pérsica (Virgen Apocalíptica con el Niño y pisando la serpiente), Líbica (Madre e Hijo iluminando las tinieblas), Samos y Cimeria (El Pesebre y la Virgen amamantando al Niño), Europa y Tiburtina (la Huida a Egipto y Jesús es abofeteado), Agripina y Délfica (la Pasión), y Helespóntica y Frigia (Crucifixión y Resurrección). El texto cita los nombres de los profetas con los que se relacionan las predicciones de estos oráculos.

Los Capítulos X y XI (f. 52-61) tratan el Éxodo, y del XII al XV (f. 62-125) la Vida de Cristo en 63 ilustraciones. También incluye 12 miniaturas del Apocalipsis (f. 243-254) dentro del ciclo del Nuevo Testamento. A la Vida y Milagros de la Virgen se han dedicado 20 ilustraciones (Cap. XV-XVII). Todos estos folios miniados, y aún quedan muchos hasta 320, están compuestos dentro de los Ciclos litúrgicos propios de las Grandes Horas.


Izquierda. Folio 27. El Arca de Noé
Derecha. Folio 43. Naturaleza viva



Izquierda. Folio 82. Las bodas de Caná
Derecha. Folio 318. El pueblo de Israel recolecta el maná



Izquierda. f. 328. Isaías y Ezequías
Derecha. f. 333. Instrumentos de la Pasión


Como vemos en la página anterior, a la derecha del Arca de Noé (f. 27), el artista ha compuesto un paisaje con animales retozando en un bosque y unas aves que cruzan un cielo azul (f. 43). Esta miniatura es una recreación del miniaturista para separar dos capítulos diferentes: el Ciclo de los Patriarcas (IX) y el las Sibilas (X).

Debajo de estas, las Bodas de Caná (f. 82) incluida en la Vida de Cristo (Cap. XIII), y la representada a su derecha (f. 318), de distinto signo, pertenece al Éxodo del Antiguo Testamento, aunque retomada por el iluminador para ejemplarizar una oración en el Sufragio de los Santos (Cap. XXXIII).

La que vemos aquí a la izquierda de Isaías y Ezequías (f. 328) también es un ejemplo de las oraciones finales; y en la última del manuscrito se han representado los instrumentos de la Pasión (f.333). Entre columnas de influencia renacentista, el artista ha compuesto en el centro la Cruz y abajo el Sepulcro. Sobre la Cruz, la Corona de espinas, el rótulo INRI y los dados sobre la túnica. A la derecha, el gallo de la negación de Pedro sobre una columna; y detrás los clavos, los látigos y la escalera del Descendimiento. A la izquierda de la Cruz la lanza con la esponja y la de Longinos que le atravesó el costado; y entre ambas la santa Faz, la espada, la vara (o cetro) y la mano atravesada por los clavos. A la izquierda ha compuesto el retrato de Caifás, los rollos de la Ley, la jarra con el agua para lavarse las manos, el retrato de Pilatos, y una mano indicando la sentencia.

En el manuscrito se ven varios artistas y una mano principal que podría ser de Jean Poyet, iluminador del taller de Carlos VIII. Las negociaciones de Ana de Bretaña con Isabel la Católica para un acuerdo matrimonial de su hija Claudia con el príncipe Carlos (Tratado de Blois, 1504) cuando ambos apenas tenían 4 años de edad, posiblemente motivó el regalo de este libro especialmente iluminado para la educación del futuro Carlos I. El acuerdo no llegó a materializarse, pero el manuscrito se concluyó poco después y terminó en la Biblioteca de los Austrias.

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